Page 15 - REVISTA ETIQUETA II -2017
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gente y arte
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localizado en la costa oriental de África. Se puso en marcha entonces una larga y laboriosa tarea de recuperación submarina que ha permitido sacar del fondo del mar numerosas obras de arte atesoradas por Amotan, recubiertas de anémonas, algas y corales. Magní cas esculturas griegas en mármol, imponentes conjuntos en bronce de dimensiones colosales, bustos de faraones esculpidos en oro puro y decenas y decenas de otras obras de arte de la colección de Amotan se pueden contemplar ahora en Venecia, a lo largo de los 5.000 metros cuadrados expositivos del Palacio Grassi y el Museo de la Punta de la Dogana, propiedad ambos del billonario coleccionista francés Francois Pinault.
Se trata de una impresionante muestra titulada Tesoros del naufragio del Increíble, que reúne casi 200 piezas alucinantes. Como esa escultura de 18 metros de altura que muestra a un demonio descabezado con una vasija en las manos y que preside el salón central del Palacio Grassi. O ese conjunto en bronce de 7,13 metros de un guerrero encaramado sobre un oso con que se abre la muestra de la Punta de la Dogana.
¿Que nunca antes había oído hablar de Cif Amotan II y de su fabuloso tesoro? Es normal. Porque en realidad es una historia inventada. Estamos ante la última travesura de Damien Hirst, el niño malo del arte contemporáneo. El artista británico, con su audacia habitual, ha decidido poner en pie
en Venecia un proyecto tan desmesurado como excéntrico, tan grandioso que no se le puede cali car de simple juego sino que entra directamente en la categoría de locura. Hirst inventó la historia de Amotan y durante los últimos 10 años se ha dedicado a crear ese tesoro  cticio que ahora se exhibe en Venecia.
Pero lo alucinante es que el artista estrella del Britpop se ha aplicado en la realización de este proyecto. Las piezas que presenta son realmente excepcionales, recreaciones de aquellas obras que según su fantasía componían ese tesoro imaginario de Amotan, piezas que se ajustan con precisión al canon estético clásico aunque tengan un toque Hirst. Muchas de ellas no sólo son de dimensiones titánicas, tan gigantescas que dejan boquiabierto al espectador, sino que todas tienen un acabado impecable y están elaboradas realmente con los materiales que uno supone con que estarían hechos los objetos de la colección de Amotan: mármol blanco, mármol rosado, lapislázuli, bronce, oro, granito azul, plata, ágatas, jade...
Ante tamaña desmesura, es natural preguntarse, ¿cuánto habrá costado hacer realidad este sueño excéntrico y quién lo habrá pagado?. "Es un proyecto ambicioso, muy ambicioso", es todo lo que dice Martin Bethenod, director del Palacio Grassi y del Museo de la Punta de la Dogana, poniendo los ojos en blanco.
¿Que nunca antes había oído hablar de Cif Amotan II y de su fabuloso tesoro?
Es normal. Porque en realidad es una historia inventada
El caso es que la carísima locura de Hirst funciona. El espectador no puede evitar sentirse sobrecogido ante esas obras fantásticas, no puede evitar preguntarse si son auténticas o si son falsas. Porque las dos exposiciones están montadas como si realmente los objetos expuestos fueran parte del legendario tesoro de Amotan, empezando por el gigantesco panel que a la entrada relata su historia y continuando con los vídeos que muestran a buceadores rescatando del fondo del mar las obras de arte que iban a bordo del Apistos y que ahora componen la muestra, muchas de ellas con restos de corales y conchas. "Lo que Hirst quiere con todo esto es que cada uno se haga sus propias preguntas. Vivimos en un mundo en el que conviven la realidad y la  cción, en el que las noticias falsas se confunden con las verdaderas. Esta exposición invita a re exionar sobre ello", explica Elena Geuna, comisaria de la exposición.
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